La muralla medieval de Montblanc en Tarragona

La ciudad Montblanc de Tarragona es dueña de la tercera muralla más larga de España, tras las de Ávila y Lugo. Además, presume de tener uno de los patrimonios arquitectónicos mejor conservados de Cataluña. Un mágico lugar con leyendas, vinos, y fortalezas.

La muralla de Montblanc está considerada la obra militar medieval más importante de Cataluña. Tiene un perímetro de 1.700 metros, más de 30 torres, almenas y paso de ronda. Unas murallas iniciadas en la segunda mitad del siglo XIV, abiertas en sus orígenes por cuatro puertas, de las que actualmente se conservan dos.

Una de ellas es el Portal de San Jordi, que nos sumerge en una bonita leyenda que Cataluña recuerda cada 23 de abril. Y es que por los alrededores de Montblanc sembraba el pánico un dragón, que devoraba poco a poco a los animales domésticos y de pastoreo de la zona, hasta que se los comió a todos. Entonces la población se reunió con el rey y la familia real para ver qué podían hacer para que el dragón no atravesase la muralla y no se comiese a todos.

Decidieron hacer un sorteo en el que estaba incluida la familia real, y resultó que la princesa fue la desafortunada primera persona de la población que tuvo que ser devorada por el dragón. Ella, considerando que se debía a su pueblo, asumió su papel. Salió valiente, traspasó el portal de Sant Jordi, y justo, cuando estaba a punto de ser devorada por el dragón, apareció un caballero extranjero con un caballo blanco que luchó contra el dragón, lo mató, y por lo tanto salvó a la princesa… Cuenta también la historia, que en el lugar donde cayó el dragón, de su sangre, salió en ese mismo momento un rosal. De éste, el caballero cogió una rosa roja, y se la entregó a la princesa.

Actualmente esta tradición se ha conservado y siempre el 23 de abril, en San Jorge, los hombres acostumbran regalar una rosa a sus amadas.

Como verás, Montblanc, ciudad monumental con evidente sabor medieval, no da tregua a quien la visita por primera vez sorprendiendo a cada rincón. Lo podrás comprobar por ejemplo, al llegar a la iglesia de Santa María la Mayor, conocida como “la perla de Montblanc”, de importancia y características catedralicias.

No demasiado lejos, aunque fuera ya del recinto amurallado, cruzando el río Francolí, se encuentra el antiguo hospital de Santa Magdalena, reconvertido en el Archivo Histórico Comarcal. Otra de las iglesias que merece la pena conocer es la de San Miguel, con fachada románica.

Espíritu medieval por las calles de una localidad que, sin embargo, sabe adaptarse a los nuevos tiempos. Esto se refleja en los locales comerciales, en sus artistas, en sus espacios de trabajo… Un buen ejemplo es Cal Pots, original universo de cerámica y escultura.

Nuestra última imagen del corazón de Montblanc es para uno de sus centros neurálgicos: la Plaza Mayor, donde se encuentra el Ayuntamiento. Punto de encuentro de grandes y pequeños, vecinos y visitantes; cuya imagen se transforma cada viernes, día en que acoge al mercado semanal.

Montblanc es también zona de vinos. En el año 1998 realizó su primera cosecha la Bodega Foraster, que desde entonces trabaja para imponer la calidad de sus caldos.

Si quieres saber más de estos vinos, y sobre todo, probar alguno que otro más, te invitamos a que conozcas Prenafeta, un pequeño pueblo a apenas seis kilómetros de Montblanc, con tan sólo doce habitantes durante todo el año (algo más en los meses de verano), que sorprende por los servicios que ofrece: restaurante, casa rural… y hasta un museo.

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