Castell Florejacs en Lleida y la flor de lis

Castell FlorejacsSobre una pequeña colina de la Segarra catalana en Lleida se encuentra Florejacs, un viejo castillo a cuyo alrededor se erigió una villa de igual nombre que aún guarda su aspecto medieval original.

Tras impregnarnos del aire medieval que se respira paseando por el cercado perímetro, penetramos en la mansión señorial que dio origen a todo el conjunto y en la que nos recibe una risueña armadura.

El nombre del castillo rinde honor a la flor de lis, la misma que lleva el primer escudo heráldico.

Sujetos a la balaustrada donde aparece esculpida la mencionada flor, ascendemos hasta la planta noble, donde nos aguarda el gran salón del castillo, presidido por un piano de cola de principios del siglo XX.

A la vista de todos se encuentran los blasones de una de las familias más relevantes que habitó el castillo, la de Los Agulló de Pinós i de Ribera que escogió como símbolos heráldicos: un cojín lleno de agujas, unas piñas y las orillas de un río.

Rosario de Balanzó y Roberto Jaumandreu, son los actuales propietarios, quienes han hecho de esta casa señorial tanto su lugar de residencia habitual como la depositaria de toda una colección de objetos y mobiliario pertenecientes a los distintos linajes que por ella han ido pasando.

Tras este afán recopilatorio hallamos piezas tan dispares como un mueble expositor en honor al doctor Juan Sanllehy, bisabuelo de la propietaria presente e introductor de la homeopatía en España.

Saliendo del dormitorio principal, superamos los últimos escalones que nos separan de la terraza de la torre, que se encuentra a 20 metros de altura.

En la planta baja del castillo hay un pasillo secreto que encierra su propia leyenda: en el siglo XVII habitaba en el castillo una joven muy hermosa. Enamoraba a muchos muchachos, a tantos como podía, y cuando se cansaba de ellos les daba a oler una flor de lis envenenada, tras lo cual morían. El rey se enteró y el castigo para la dama fue la decapitación. Dicen que a veces deambula por el castillo con una flor de lis en la mano y sin cabeza.

Al margen de estas historias para contar ante la hoguera, hay en el interior de la fortaleza una sala de colecciones, una estancia llena de vestidos, sombreros y juguetes de diversas épocas.

Una vez concluido el paseo por Florejacs, no puedes alejarte sin detenerte en la villa de Torà, concretamente en «Cal Jaumet«, un hostal especializado en comida tradicional catalana que empezó su andadura en 1890 y que ya pasa por su cuarta generación de hosteleros.

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