Castillo de Les Pallargues en Lleida, guía de visita

Castillo de Les PallarguesEn esta guía de viaje vamos a recorrer el Castillo de Les Pallargues en Lleida una magnífica fortificación que nos introducirá en pleno siglo XI, cuando caballeros cristianos, que acababan de expulsar a los sarracenos, de una zona de contacto entre las comarcas catalanas de la Segarra y l’Urgell, erigieron un castillo encima de un profundo pozo.

Al amparo de tan resguardada construcción, que en un principio se denominó Espallargues (en referencia a los pallers, pajares, que tanto abundaban por estos lares), fue conformándose todo un recinto urbano que en 1636, contaba ya con 23 fuegos u hogares, protegidos por unas fuertes murallas.

A la cima de ese núcleo de población, dirigimos nuestros pasos con el firme propósito de infiltrarnos entre unas piedras centenarias que ocultan pasadizos secretos, torturas medievales y leyendas populares sobre las injustas relaciones que los señores feudales mantenían con sus vasallos.

Fachadas, vestíbulos, bóvedas piramidales, arcos góticos, que nos llevan, entre otros caminos, a los angostos pasadizos que conducían al llamado Cerro de Las Horcas, lugar donde ajusticiaban a los penados cuando había paz.

Huyendo de los subterráneos, tomamos una estrecha escalera de caracol que se corta en la terraza, aunque posiblemente antaño continuara ascendiendo hasta el final de una ya desaparecida torre del homenaje. En este mirador nos topamos con una gran cisterna que aprovechaba el agua de lluvia; algo imprescindible por estos parajes, donde el líquido elemento escaseaba en muchas ocasiones.

Una vez saciada la sed, nos encaminamos hacia la escalinata de piedra que se eleva hasta la planta noble. En ella descubrimos el auténtico tesoro del castillo: la Sala Capitular, una estancia sobria y elegante de amplias dimensiones, rematada con una colosal cúpula.

Nos colamos ahora por alguna de las puertas de madera maciza que se abren al salón. Una de ellas da paso a una peculiar habitación ambientada al estilo de principios del siglo XX. Junto al dormitorio, merece una parada esta capilla, presidida por un cuadro de San Miguel que data del siglo XVI y que fue escondido durante la Guerra Civil para evitar su expolio a manos de los rojos. Hay que tener en cuenta que durante la mencionada contienda, toda esta pieza se convirtió en improvisado hospital.

Abandonamos los muros protectores de Les Pallargues, sabedores de los privilegios de vivir en un castillo pero sin haber podido disfrutar de ellos. Con tal fin, ponemos rumbo a Palouet, un cercano pueblo de 20 habitantes, donde Àngels Miró y Josep Arasa han transformado lo que quedaba de una fortaleza del siglo XII en una casa rural que se ha dado en llamar “Can Cuadros”.

Y por si te preguntas que de dónde ha salido tan curioso apelativo, aquí te los contestamos: cuadros procedería de quadres que significa cuarteles. Este término antiguamente aludía al extremo del castillo donde se situaba la guardia destinada a la vigilancia del mismo. Dicho lo cual, se impone realizar una inspección por alguna de las ocho habitaciones, distribuidas a modo de laberinto, de las que dispone tan original alojamiento.

Lo primero que llama nuestra atención en el recorrido, es el respeto de la estructura originaria y la personalización de ambientes que no sólo se aprecia en la decoración, sino también en la denominación e historia que esconde cada una de las dependencias. Hay que reconocer que pasear por “Can Cuadros” es como visitar un museo de cultura popular con mil detalles.

Tras ese afán por recuperar tradiciones rurales y adaptarlas a la época actual, se encuentran nuevas versiones de recetas gastronómicas de la Segarra, datadas en los siglos XIV y XV. Como por ejemplo, estos patés de arenques y verduras que ahora se sirven en volován, pero tiempo atrás cubrían las rebanadas de pan tostado que los labradores por cuenta ajena, residentes en casa de su amo, devoraban frente a la chimenea, ya que no podían comer en platos como su señor.

Cocina de ayer, de hoy y de siempre. Torres defensivas convertidas en centros de turismo rural. Castillos con pasajes ocultos, calabozos y mazmorras. Nobles feudales que abusaban de sus siervas, acogiéndose a un derecho bastante dudoso. Todo esto y mucho más aguarda su descubrimiento en unas tierras catalanas que allá por el siglo XI se reconquistaron a los musulmanes.

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